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La cumbre del Milenio: muchas voces, pocas acciones Por Martha Lucia Pinzón G. El mismo Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, mostró una dosis de apatía cuando expresó que no se sentirá satisfecho con la Cumbre del Milenio si la declaración no se traduce en mejoras concretas. Ojalá, afirmó el secretario, que sus asistentes "vuelvan (a sus respectivas naciones) y hagan algo al respecto". Y es que la organización ha venido siendo cuestionada permanentemente por la lentitud de sus acciones y por su excesiva burocracia. En este sentido, la mayoría de los países presentes a la reunión coincidieron en la necesidad de una reforma interna que fortalezca a esta entidad internacional. Uno de los aspectos que mas preocupa son las misiones de paz. El mismo Secretario General de las Naciones Unidas, al reunirse con el Consejo de Seguridad dijo que la organización sufre una "crisis de credibilidad" que sólo puede superar si introduce cambios sustanciales en sus misiones de paz. El Presidente Clinton, por su parte, consideró que "Hay que equipar a la ONU para que pueda hacer lo que se le pide que haga". Dentro de las recomendaciones presentadas por el diplomático argelino Lakhdar Brahimi en un informe (en donde se analiza que uno de los graves daños a la credibilidad de la ONU en los últimos tiempos ha sido la incompetencia en diferenciar, en el terreno, entre víctimas y agresores, convirtiéndola en observadora de atrocidades incapaz de reaccionar a tiempo), se propone distinguir entre operaciones de establecimiento, mantenimiento, consolidación e imposición de la paz. Para consolidar la paz se considera que no solamente hay que restablecerla, sino además construir las instituciones que la aseguren en el tiempo. Esto supone, una vez alcanzada la paz, asegurar el Estado de Derecho organizando la policía y el Poder Judicial, impulsar la vigencia de los derechos humanos, asistir en la construcción de las estructuras democráticas y promover la reconciliación. El documento recuerda que las Naciones Unidas "no se dedican a la guerra" y recomienda un uso más intenso de las técnicas de la diplomacia preventiva, incluyendo el envío de misiones de determinación de los hechos a las zonas de tensión. Frente a la necesidad de intervenir, propone que la acción debe confiarse a coaliciones de Estados que estén dispuestos a hacerlo pero con la autorización legitimante del Consejo de Seguridad. Finalmente, la conclusión de los miembros del Consejo de Seguridad fue comprometerse a revisar la capacidad de respuesta frente a los conflictos en todas las etapas y a reforzar las operaciones de mantenimiento de la paz con instrucciones claras y empleando personal bien equipado y entrenado. En suma, esta
Cumbre no se diferenció de las anteriores. Los objetivos fueron como
siempre muy loables: reducir a la mitad el número de personas que viven
con menos de un dólar diario antes del 2015, proteger el medio
ambiente, lograr un mayor respeto de los derechos humanos y buscar
soluciones de paz a los países en conflicto. Sin embargo, la duda sobre
su vigencia y efectividad se mantiene. Como diría el ex-embajador de
Argentina ante Naciones Unidas, Emilio J. Cárdenas esta institución,
"solo es lo que sus miembros quieren que sea".
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