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La ruptura del proceso de paz en Colombia deja como alternativa inmediata la agravación del conflicto Por Martha Lucia Pinzón Lo ocurrido con estos atentados, sumados a otros cometidos por este grupo (que alcanzaron los 117 en tan sólo los últimos 30 días: 4 carros-bomba; 5 ataques a instalaciones; 7 campos minados; el homicidio de 20 civiles, incluyendo mujeres y niños; la voladura de 33 torres de energía, de 2 tramos del oleoducto y tres puentes), demostraron no solo la sistemática violación del Derecho Internacional Humanitario, la burla al proceso de paz sino que sus actuaciones eran las de un grupo terrorista. "Son ellas (las Farc), las que han firmado su propia definición y ya nadie puede dudar de que, entre política y terrorismo, las Farc optaron por el terrorismo", dijo Pastrana en su discurso. Para algunos observadores, la lógica de la guerra derrotó la posibilidad de la paz y ahora el conflicto en Colombia será tratado bajo una nueva perspectiva internacional después del salto al vacío que dieron las Farc al definirse como grupo terrorista. Mariano Aguirre, Director del Centro de Investigación para la Paz de Madrid, cree factible "que Estados Unidos pueda incluir a Colombia dentro de su plan de lucha global contra el terrorismo" y señala que esa no sería una idea difícil de vender por tres factores de coincidencia con el caso de Afganistán: "la droga, la dispersión de actores armados y la importancia geopolítica del país". Es un hecho que las guerrillas y los paramilitares han sido catalogados por los Estados Unidos como terroristas y según la profesora universitaria de Coyuntura, Ana Isabel Vargas, "la naturaleza de los factores de riesgo político presentes en Colombia, hacen de este un país, que por su ubicación geográfica facilita la internacionalización de sus conflictos. Se trata, en palabras de Andelfo García, analista político, de un país que es a la vez andino, caribeño, amazónico y ribereño de la cuenca del Pacífico, que tiene fronteras terrestres con cinco Estados y marítimas con nueve". De otra parte, hay quienes consideran que el gran problema al futuro, es que con todo lo que entregó Pastrana y con las mínimas concesiones que exigió a cambio, es muy improbable que cualquier otro Gobierno consiga sentar a las Farc sin tener que comprometer medio país. El politólogo Hernando Gómez Buendía considera que en realidad no hubo negociación en sí, sino una pelea permanente y un tire y afloje sobre asuntos de pura mecánica, particularmente sobre la zona de distensión. Para Gómez "el fracaso de este proceso mal concebido y mal llevado nos hizo saltar a la conclusión de que la paz negociada no es posible. Es una falacia obvia pero imparable y por supuesto trágica en sus resultados". No obstante, el analista Alfredo Rangel cree que aunque la excesiva generosidad del Primer Mandatario fue un punto que termino volviéndose en su contra, reconoce que Pastrana internacionalizó el conflicto, "lo que condujo a que creciera la presión del mundo alrededor de la búsqueda de la paz, algo que es irreversible" y agrega, "en el futuro esa participación internacional tendrá un papel creciente y muy significativo". En este mismo sentido, el columnista Juan Lozano señala que "Andrés Pastrana jugó todas las cartas disponibles para mantener vivo el proceso. Con buena fe jugó su prestigio, su popularidad y su espacio político. Dio todas las pruebas -todas- de la sinceridad de su compromiso con la paz... Lo cierto es que se acabó el pretexto recurrente de la falta de voluntad del Estado para resolver políticamente el conflicto. No hay duda. Andrés Pastrana hizo hasta lo imposible y lo impensable por la negociación." Otro punto de gravedad que aparece a corto plazo a raíz de la terminación del proceso de paz y el deterioro del conflicto, es la de lograr garantías para el proceso electoral que se avecina (muestra clara de ello ha sido el secuestro de la candidata presidencial Ingrid Betancur). El periodista del diario El Tiempo, Roberto Posada García Peña, recuerda que en 1989 El Salvador en medio de la guerra total, logró hacer elecciones con la veeduría de muchos observadores internacionales y por eso considera que "la máxima responsabilidad que le cabe a nuestro gobernante ante la comunidad internacional es esa: permitir que haya elecciones y, en lo posible, que todo transcurra al amparo de la autoridad, eso sí ceñido a la más rigurosa institucionalidad". Un editorial de este mismo diario afirma que, "no hay que olvidar que las elecciones, ojalá masivas y limpias, son el mejor alimento para la legitimidad institucional. Recuperar una dosis satisfactoria de normalidad para la campaña es una meta indispensable. En medio de todo, las Farc han destapado su juego y sería imperdonable que, estando tan advertido, el Estado se cruce de brazos y no reaccione pronto, de manera convincente y efectiva". Y en medio de este duro escenario, qué le espera a la sociedad civil?. Todos los expertos coinciden en que los ataques de los guerrilleros se agudizarán (un ejemplo visible han sido en los últimos días la destrucción de torres de energía y la contaminación del agua en algunos pueblos) y los civiles serán los mas afectados pues no debe olvidarse que lo que vive Colombia no es una guerra civil sino una guerra contra los civiles. "No hay que equivocarse, nadie gana con la guerra", dice el politólogo francés Daniel Pecaut, uno de los más reconocidos expertos europeos sobre Colombia. Sin embargo, hay que contemplar que ante lo ocurrido existe una férrea voluntad de los colombianos de no dejarse vencer por la barbarie y de buscar el fortalecimiento de la institucionalidad. Por eso, debe tenerse en cuenta en el balance actual, no solo la nueva visión internacional de la guerra colombiana, sino también las semillas de resistencia y organización civil. "La sociedad hoy es más visible y tiene más conciencia de su capacidad de presión", asegura Rafael Mateus, director del Centro Colombiano de Responsabilidad Empresarial. "La otra ganancia es que ahora como nunca antes la sociedad civil organizada tiene más claridad sobre el conflicto, y descarta totalmente que las Farc de hoy tengan alguna capacidad para gestionar transformaciones sociales, económicas o políticas", añade Mateus. Lo cierto de todo, es que fracasó el modelo de negociación con zona de distensión y la sociedad civil puso la gran cuota de muertos, heridos y atemorizados, pero como lo reconocen los observadores, también empezó a adquirir una nueva cultura de participación y un nuevo rol de actor con capacidad para presionar, especialmente cuando se presente el momento prudencial en que se intente hacer viable una nueva negociación que muy seguramente estará a cargo del futuro gobierno. Por ahora, Colombia se encuentra terriblemente confundida, hastiada de la violencia, queriendo la paz pero vinculada a la guerra. Como dijo Ana Teresa Bernal, presidenta de la ONG, Redepaz, "en medio de tanta confusión hay que aclarar las ideas, dilucidar las responsabilidades y asumir lo que nos toca como sociedad, la paz no se delega, la tenemos que construir entre todos y todas, para que no se vuelva una ilusión perdida".
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