Solidaridad hemisférica y acción conjunta contra el terrorismo

Por Martha Lucia Pinzón

 
Los atentados ocurridos el 11 de septiembre, demostraron una vez más que el terrorismo es uno de los peligros más serios que amenazan no solamente la democracia sino la seguridad humana. Su magnitud conmovió profundamente la comunidad internacional y llevó a que muchas naciones manifestáran abiertamente su condena y su apoyo en la estrategia que Estados Unidos ha trazado para enfrentar esta delicada situación.

La posición de las Américas, fue explícita en las resoluciones aprobada el 21 de septiembre por la OEA, cuando sus miembros se comprometieron a utilizar todas las medidas legales posibles para persuadir, capturar, extraditar y castigar a todo aquel que haya colaborado o estuviera involucrado en los ataques ocurridos el 11 de septiembre.

No sorprende esta reacción, pues independientemente de la discusión sobre la invocación en una de las resoluciones del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, Tiar, o Tratado de Rio (adoptado en 1947 para la defensa colectiva de la región contra ataques externos), la solidaridad hemisférica se debe en parte a que muchos de los países de la región han sido y siguen siendo victimas del terrorismo. Lo que está en juego ahora es comprobar que tan activa será su determinación dentro de éste largo proceso que, de un modo u otro, involucra a todas sus naciones.
Para algunos observadores, la acción conjunta contra el terrorismo no debe considerarse una guerra ( Valiente Noailles, historiador argentino, señala que no lo es en sentido tradicional: no es contra una Nación-Estado, no tiene un campo de batalla y no hay un ejército enemigo), sino parte de la lucha contra el crimen en la que su éxito dependerá de la nueva alineación internacional y del uso adecuado de medidas diplomáticas.
Cómo deberán actuar las Américas?
Estados Unidos, por ejemplo, deberá demostrar un papel contrario a la dificultad que venía presentando para funcionar dentro de esquemas multilaterales. Basta recordar su oposición a ser parte de las obligaciones jurídicas de tratados recientes (armas pequeñas, antimisíles balístico, minas antipersonales y Corte Penal Internacional), para entender que lo que debe impulsar ahora es un auténtica solidaridad para impedir que el terrorismo prevalezca en el mundo.

Canadá, ha sido insistente en tratar el problema del terrorismo dentro del contexto de la seguridad humana. Durante la trigésima Asamblea General de la OEA, señaló que el principal reto del hemisferio era desarrollar la voluntad política y la capacidad necesarias para proteger a las personas frente a amenazas que como el terrorismo son una de las "causas y efectos transnacionales que tienen implicaciones directas en la seguridad personal".

Brasil y México han venido dando algunos pasos de liderazgo en la región. En el caso de Brasil, esta conducta fue percibida a través de la insistencia del canciller, Celso Lafer, en invocar el Tratado de Río en una de las resoluciones aprobadas por la OEA. Para el diario El Estado de São Paulo dentro de los efectos diplomáticos que buscaba el gobierno al incluir esta figura era, "resaltar su papel de liderazgo en América Latina".

En el caso de Colombia, algunos piensan que se avecina una fuerte presión internacional sobre los grupos armados y su polémico proceso de paz. El politólogo, Hernando Gómez Buendia, considera que después del 11 de septiembre, "el gobierno no podrá evadir la "guerra mundial contra el terrorismo", en este caso, el de las FARC, el ELN y las AUC". En este mismo sentido, Daniel Pecaut, cree que se van a reducir los márgenes de acción del gobierno y en cuanto a las guerrillas, "van a tener que optar en favor de uno u otro camino". Finalmente, el problema de la humanización o deshumanización del conflicto va a tomar más fuerza porque ya son muchas las acusaciones sobre vínculos de las guerrillas con redes internacionales.

Para el periodista Daniel Zovvato, según lo señaló en la revista Semana, "el apoyo total e incondicional de la región al pueblo norteamericano no debe ser interpretado como un cheque en blanco en favor de la administración Bush. América Latina debe dialogar de manera franca, respetuosa y madura con el gobierno norteamericano para patentizar su solidaridad plena pero, al mismo tiempo, para hacer valer su posición y sus propios puntos de vista. Europa ya ha iniciado este camino de doble vía: amplia solidaridad moral y política, pero prudencia frente a las medidas de fuerza".

Como bien lo indica Zovvato, lo que está verdaderamente en juego "es la defensa de la democracia, de la libertad y de los derechos humanos ante los ataques del terrorismo global. Y frente a este colosal desafío los latinoamericanos debemos ser actores y no meros espectadores. Ojalá sepamos estar a la altura de nuestras responsabilidades".