Elecciones en Perú: panorama turbio

Por Martha Lucia Pinzón

 
Hace un año, Perú atravesaba un gran torbellino político cuando el entonces presidente Alberto Fujimori cometió toda clase de fraudes para lograr una tercera reelección presidencial. Posteriormente, los escándalos de Vladimiro Montesinos -su principal asesor y jefe de servicio de inteligencia- lo llevarían a dimitir en noviembre de ese mismo año.

Steven Levitsky y Cynthia Sanborn, académicos especializados en América Latina de la Universidad de Harvard y de la Universidad del Pacífico en Lima respectivamente, señalan que en el momento en que cayó el régimen de Fujimori, colapsó también el establecimiento político y como consecuencia "los partidos políticos fueron reemplazados por movimientos personalistas y candidatos foráneos sin experiencia". En medio de este contexto, apareció Alan García, quien a pesar de mostrar su arrepentimiento por los profundos errores cometidos durante su gobierno, no ha logrado recuperar credibilidad y sigue siendo recordado por los cargos de corrupción y el caos económico en que quedó sumido el país al terminar su periodo presidencial. Sin embargo, García llegó a la segunda vuelta del voto presidencial junto con el candidato de Perú Posible, Alejandro Toledo.

Hoy, a pocos días de celebrarse las elecciones, el país no parece salir de su crisis política pese a los esfuerzos del presidente interino Valentín Paniagua. A lo anterior, se suma la carencia de un debate político serio en términos de ideas y de programas de gobierno. En un reciente debate televisivo, decisivo para despejar las dudas del electorado peruano y servir como espacio de controversia democrática, Toledo y García lo convirtieron en un intercambio de acusaciones por el supuesto consumo de cocaína de uno y la posesión de cuentas secretas del otro.

Este hecho se ha repetido una y otra vez en los últimos días y ha repercutido negativamente aumentando el escepticismo de la gente. Clifford Krauss, periodista del diario The New York Times, señala que el debate sobre el futuro del país fue reemplazado por una campaña que se ha visto dominada por las preguntas acerca de si García ingirió lito para la depresión o si Toledo abandonó a una hija ilegítima o utilizó cocaína en el pasado.

Este lamentable panorama político, ha llevado -según lo señalan Levitsky y Sanborn - a que un amplio sector de opinión consideren que "un voto por Toledo significa un tiro en la oscuridad y un voto por García significa un voto por la impunidad".

Para el periodista peruano, Jaime Bayly, la alternativa entre Toledo y García "nos representa el dilema de escoger entre la silla eléctrica o la cámara de gas". Bayly y Alvaro Vargas Llosa - periodista y exasesor de la campana de Toledo- emprendieron en el último mes, una campaña invitando al electorado a votar en blanco en señal de protesta por las candidaturas de Toledo y García.

Si bien el voto en el Perú es obligatorio, las recriminaciones entre uno y otro candidato y los acontecimientos de los últimos días, han hecho que muchos de los partidarios que acompañaban a Toledo o a García pongan en duda su intención de voto para las elecciones previstas el próximo 3 de junio. Aunque los recientes sondeos muestran que Toledo aventaja a Garcia por casi 15 puntos, se revela también que el 34% de los encuestados no votaría por ninguno de los dos, lo que equivale a decir, que un tercio del electorado votará en blanco.

La percepción que se tiene es que en un momento crucial en donde Perú trata de recuperarse de una década de corrupción y de autoritarismo, los candidatos no han logrado encarar la iniciativa del cambio político y devolver la esperanza de recuperar el sendero de la vía democrática. Su democracia es débil y requiere de instituciones políticas fuertes pero especialmente de liderazgo y por ahora Perú no ha sido testigo de esto último.

ver: http://www.nytimes.com/2001/05/19/world/19PERU.html