Los niños de la guerra

Por Martha Lucia Pinzón

  
Más de 2 millones de niños muertos, cerca de 15 millones de niños desplazados y más de 300 mil participando como soldados o guerrilleros, es el saldo que han dejado los conflictos armados del mundo en la última década, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Frente a las consecuencias de los niños desplazados, la organización "Save the Children" señala que son los más vulnerables a la violencia, a los problemas de salud y a la hambruna. Muchas veces, indica este organismo, estos menores están aislados de la ayuda internacional y se encuentran a la merced de quienes los empujaron al exilio.

Calcula esta organización, que el tiempo promedio de desplazamiento de un refugiado interno es de seis años, un tiempo considerable en la vida de un niño, y lo es más, cuando se observa que estos menores que hoy son desplazados tienden a ser los adultos marginados y excluidos de mañana.

Según Naciones Unidas, en el caso latinoamericano, se cree que en Colombia más de 6 mil niños están vinculados en las filas de los grupos armados. Este organismo, señala a Colombia como un país con un número altísimo de asesinatos infantiles e indica con alarmismo que la mayoría de los niños desplazados han presenciado el asesinato, o intento de asesinato, de uno de sus familiares.

De acuerdo con las investigaciones de la Defensoría del Pueblo de Colombia, los menores son utilizados por los diferentes grupos armados como informantes y para labores de alto riesgo como la fabricación y siembra de minas antipersonales.

El comandante Manuel Marulanda de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ha declarado en varias oportunidades a la prensa que las FARC no dejarían de reclutar soldados a partir de los quince años de edad y ha recalcado con insistencia que "seguirán en nuestras filas". El grupo entregó a finales del pasado mes de febrero a 62 niños que combatían en las filas rebeldes desde hacía varios años pero continúa con un gran número y su tendencia sigue siendo la de incorporar menores. Por su parte, el ejército colombiano anunció el año pasado, que había dado de baja a su último contingente de 980 soldados menores de dieciocho años.

En el caso de América Central, las guerras que sacudieron a la región durante décadas ya finalizaron, pero sus consecuencias perduran en millones de niños. El tema fue tratado durante la conferencia internacional sobre niños afectados por la guerra bajo los auspicios del gobierno de Canadá, celebrada en septiembre del 2000.

María Eugenia Morales, la encargada en Guatemala de un programa de asistencia a la niñez de la organización internacional "Visión Mundial", recordó en su intervención en la citada conferencia, como los niños fueron blanco deliberado de ataques durante los 36 años de guerra civil. Hizo referencia a los documentos de la época en que la iglesia y organismos defensores de los derechos humanos, indicaban que en 1980 y 1982, cerca del 18% de las violaciones a los derechos humanos fueron cometidas contra niños menores de cinco años.

Lo paradójico de todo, es que existen varias resoluciones de Naciones Unidas (la 1261 de 1999 y la 1314 de 2000), que de una parte condenan y establecen la imposición de sanciones políticas y económicas contra las partes en conflicto que usen y abusen de los niños en conflictos armados, y de otra, instan a los estados miembros a firmar y ratificar el protocolo que declara por lo menos los dieciocho años edad mínima para el reclutamiento voluntario. Sin embargo, la realidad demuestra que la guerra pasa por encima de toda norma y condena internacional.

Los hechos y las cifras anteriores son aterradoras y dejan ver hasta donde pueden llegar las atrocidades de la guerra, capaz de sacrificar la vida humana de seres indefensos por la prevalencia de las luchas políticas, económicas o religiosas. Como lo declaró el director de Save the Children, Mike Aaronson, "otorgar protección a los niños es una responsabilidad global" que no da espera.