Críticas a la decisión de crear otra zona de despeje en Colombia

Por Martha Lucia Pinzón

  
Continúa el controvertido proceso de paz en Colombia. En esta oportunidad la noticia se centra en el anuncio que hizo hace pocos días el gobierno de ese país acerca del despeje de otra zona del territorio, llamada "zona de encuentro," con el fin de iniciar el proceso de paz con el grupo insurgente Ejército de Liberación Nacional (ELN).

La zona cubre un área de 2.000 kilómetros cuadrados y estaría ubicada entre los municipios de San Pablo y Cantagallo, en la región de Bolívar (al norte del país). Según el gobierno, la vigencia de la zona sería de 9 meses y contaría con una comisión permanente internacional de los cinco "países amigos" del proceso: Cuba, España, Francia, Suiza y Noruega y estaría asesorada por más de cien delegados.

En reuniones que antecedieron a la propuesta gubernamental, se consideró prioritaria la participación de la comunidad, la firma del cese del fuego y hostilidades, la liberación de todos los secuestrados militares y civiles, la concentración real y efectiva de los guerrilleros en la zona de encuentro y la reglamentación del proceso, contando con la opinión de quienes residen en esta región.

Aunque no se ha firmado ningún acta de protocolización, la presión de sectores de la opinión críticos de las concesiones que ha venido haciendo el Estado Colombiano a la guerrilla, ha aumentando considerablemente, especialmente cuando la zona de distensión concedida al grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias, (FARC) ha demostrado los peores resultados.

Asocipaz, una organización de habitantes del Magdalena Medio, y el movimiento No al despeje, rechazan radicalmente la posibilidad de que esta zona sea destinada a encuentros con el ELN y amenazan con bloquear las carreteras que conducen a la zona. "No entendemos cómo el Gobierno y la Comisión Facilitadora opinan por nosotros. Somos nosotros los que tenemos que reglamentar la zona," señaló uno de los directivos del movimiento No al despeje.

Alvaro Uribe Vélez, dirigente liberal, considera que el despeje es absurdo y cree "que el gobierno en lugar de buscar una zona de despeje o de imponerla debe plantear esos diálogos en un parque, un hotel o, incluso en otro país".

Por su parte, el senador de Estados Unidos John McCain expresó durante la audiencia de confirmación del nuevo secretario de Defensa Donald Rumsfeld, no estar muy seguro "que los estadounidenses puedan estar de acuerdo con la decisión del presidente colombiano de entregar más áreas de santuario para las llamadas narcoguerrillas". El diario The Washington Post señaló que la zona de distencion concedida a las FARC, ha sido utilizada "para incrementar el cultivo de drogas, planear ofensivas militares, reclutar y entrenar hombres y para retener mas de 450 soldados y policias en cautiverio".

Sin embargo, para otros analistas hay un aspecto positivo en lo que lleva adelantado este proceso y ha sido el incorporar como primer punto en la agenda de paz entre el ELN y el gobierno, el derecho internacional humanitario. El Defensor del Pueblo, Eduardo Cifuentes, ve en ello un hecho que podría significar "que el sector armado no va a afectar a la población civil".

Otro aspecto importante que resaltan los expertos y que puede inclinar la balanza a favor del gobierno, es que el ELN llega a la negociación en medio de agravados problemas internos de recursos, derrotas en el campo de batalla y una cúpula sin un liderazgo activo.

Para el mandatario colombiano, Andrés Pastrana Arango, un hecho de paz importante por parte del ELN, ha sido la liberación en diciembre pasado de 42 personas entre soldados y policías. En declaraciones al diario colombiano El Tiempo, persiste en considerar que la solución al conflicto armado es la negociación y recuerda que fue elegido por los colombianos "para hacer la paz". Sin embargo, deja claro que si se llegara a comprobar que alguno de los grupos insurgentes esta involucrado en el narcotráfico, como un cartel de las drogas, "no habrá negociación".

De todo lo anterior, no puede negarse como lo afirmó Monseñor Augusto Castro que la diferencia entre hoy y ayer es que antes había guerra y no había diálogos y ahora hay diálogos y la guerra continúa incrementando. No hay duda que la negociación de paz es una negociación de poderes y por eso mismo es importante que la sociedad civil asuma de una vez por todas el papel activo que les corresponde, pues de lo contrario el país seguirá a la deriva, y lo que es peor, seguirá en manos de los violentos.