La búsqueda de la gobernabilidad en América Latina

Por Martha Lucia Pinzón

  
Gobernabilidad es un concepto que surgió a finales de los setenta y que según los politólogos, fue utilizado tanto en Europa como en Estados Unidos para expresar la dificultad de los gobiernos de los Estados de hacer frente al conjunto de las reivindicaciones que hacían diferentes grupos sectoriales y la imposibilidad de construir una política sobre la base de esa sobrecarga de demandas.

Para Daniel Pecaut, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, el tema de gobernabilidad hoy es bien diferente. "La mayoría de los gobiernos en el mundo, experimentan el hecho de que su margen de acción es bastante limitado, y que al mismo tiempo, el tipo de representación política que antes funcionaba en muchas sociedades, incluida la de Europa, no funciona de la misma manera, incluso por que la gente no tiene la misma confianza en que la política pueda realmente resolver problemas."

Según Pecaut, hay dos aspectos básicos de gobernabilidad y son: la capacidad de los gobiernos de tomar, según procedimientos legítimos, medidas eficientes para responder a los intereses de la mayoría, y el hecho de que las sociedades tengan por su cuenta posibilidades de auto-organización que ayuden a su cohesión.

En América Latina, según el analista político, Jorge Hernán Cárdenas, la gobernabilidad tiene que ver con las nuevas formas de organización del Estado y de la vida económica y social, que permitan responder de manera satisfactoria a los convulsionados cambios, producto de la urbanización, la mutación de los valores individuales y colectivos, y la presencia de nuevas demandas y expectativas sociales que han desbordado las instituciones tradicionales.

Si la gobernabilidad es entendida como precondición para que haya una democracia estable, paradójicamente el interrogante presente en América Latina es si la "ola de la democracia" conducirá al logro de la gobernabilidad? Algunos expertos tienen el temor que la tendencia no sea del todo hacia democracias consolidadas sino más bien a democracias formales de fachada, pero vacías de contenido político real.

Estas preocupaciones tienen que ver también con las instituciones democráticas latinoamericanas. "Un Estado no institucionalizado no es un verdadero Estado, y sin instituciones democráticas tampoco hay un Estado democrático", decía Luis Carlos Galán, pensador y político liberal Colombiano. Y en un enfoque similar, Marc Chernick, profesor de la Universidad de GeorgeTown, insiste en que el gran reto de las instituciones democráticas en América Latina es reflejar la gran diversidad de cada país, reconociendo como un hecho positivo el que en muchos países de la región, se esta dando la aceptación de que junto con los derechos individuales están tambien los colectivos.

El análisis de la gobernabilidad y de la democracia del hemisferio, involucra también las formas adecuadas de participación. Peter Schroeder, consultor de planeación política, considera que, aunque necesarios, no son suficientes en América Latina los cambios en las constituciones, en los partidos, en los sistemas electorales. Se requiere a su juicio, promover la educación política y la creación de una sociedad civil funcional, que genere condiciones para la participación y el control sobre los gobiernos. En su opinión, "el desarrollo político no se impone, ni se compra, debe surgir desde la propia cultura o de lo contrario nunca prospera".

En concordancia con las anteriores apreciaciones, Jonathan Hartlyn, considera que los regímenes de los distintos países de América Latina, responden a diferencias importantes de desarrollo histórico en la región, las cuales impiden tratarlos como una unidad compacta y homogénea; "por ello sus tareas para la democratización son múltiples y no se reducen a unas pocas aplicables a todos".

No hay duda que Latinoamérica mantiene el reto de alcanzar la gobernabilidad y la democracia. Un punto a su favor ha sido la agenda política que se ha venido concretando en los procesos de Cumbres Hemisféricas como la de Miami, en donde se trazó la tarea de consolidar y fortalecer los valores democráticos. La alternativa para América Latina es fortalecer esa agenda avanzando en nuevas propuestas que ofrezcan capacidades reales para alcanzar la gobernabilidad. Quizás una de ellas es muy nítida y les corresponde a todos los países de la región: Profundizar la democracia.